imagen de un salvavidas con burbujas e-coordina

A veces la burocracia, el confuso papel que sobre el terreno deben desarrollar los técnicos PRL, o los excesos del negro sobre el blanco en la redacción de la norma, nos alejan del objetivo que persiguen todos los actores que tratan de desarrollar una verdadera cultura preventiva: Salvar vidas.

 

 

Hace pocos días una compañera de trabajo me decía que me centraba demasiado en advertir las muertes y las peores desgracias derivadas de los accidentes laborales. Lo consideré y posiblemente sea cierto. Compartía en redes sociales estos sucesos que muchos tildarían de amarillistas. De acuerdo en que no debemos trasladar únicamente el pesimismo endémico a la PRL que acompaña a este tipo de sucesos. Desde e-coordina somos conscientes de lo esperanzador de adoptar medidas preventivas eficaces. Pero, sin duda, es conveniente recordar que sucede. Que casi a diario muere gente por el sólo hecho de ir a trabajar. Que hay que salvar vidas.

La CAE, Coordinación de Actividades Empresariales, está concebida para garantizar la aplicación de la propia acción preventiva. Adecua los riesgos a las medidas aplicadas. Sólo desde esta perspectiva podríamos deducir que su correcta aplicación redunda en el descenso de los índices de siniestralidad por accidentes laborales.

EL ANÁLISIS

Pero profundicemos en mayor medida en el análisis que nos trae hasta esta conclusión. La de que la CAE salva vidas. El INSHT publicaba en 2015 una serie de notas técnicas sobre prevención. Diversos criterios de eficiencia sobre la CAE, Coordinación de Actividades Empresariales. En ellas se nos remite al RD 171/2004, que se refiere a la necesidad de “buscar un adecuado equilibrio entre la seguridad, la salud de los trabajadores y la flexibilidad en la aplicación de la norma”. El objetivo final es reducir los índices de siniestralidad laboral. Este fin último sólo se consigue alcanzando objetivos intermedios y la suma de éstos arroja el resultado de la ecuación: el objetivo primordial, “Salvar Vidas”.

A veces la burocracia, el confuso papel que sobre el terreno deben desarrollar los técnicos PRL, o los excesos del negro sobre el blanco en la redacción de la norma, nos alejan del objetivo que persiguen todos los actores que tratan de desarrollar una verdadera cultura preventiva: Salvar vidas.

Podemos llamarlo reducir los índices de siniestralidad laboral. Pero no dejará de ser un eufemismo que trata de suavizar sintácticamente la verdad: que a diario mueren personas por ir a trabajar; otras, ¿más afortunadas? sólo sufren secuelas que les acompañarán toda su vida

OBJETIVOS DE LA CAE

La CAE debe garantizar la aplicación coherente de los principios de la acción preventiva. La aplicación correcta de los métodos de trabajo. El control de las interacciones de las diferentes actividades y la adecuación entre los riesgos y las medidas aplicadas”, Asegura la nota técnica del INSHT.

Nada de todo esto tendría sentido si no se integra en los requisitos preventivos. Me refiero a la implantación de un sistema CAE. También en las múltiples y diferentes tareas que concurren en la empresa y centros de trabajo. Y algo que a veces se nos escapa: En los distintos niveles jerárquicos que se deben implicar en la PRL.
¿Qué debe realizarse; cuándo; quién hará qué; y, por último, cómo?” Cualquier medida adoptada para gestionar la CAE debe ser tomada en el marco del objetivo final, recoge la nota técnica. Si la CAE se integra correctamente en la línea productiva y en los diferentes niveles jerárquicos de la estructura de las organizaciones, si lo hace de una forma ágil, se convierte en salvaguarda de las necesarias condiciones de seguridad salud para los trabajadores.

Además, lo destaca la propia nota técnica del INSHT. “Una gestión eficaz de la CAE resulta determinante en la reducción de costes asociados a la contratación de servicios”.

La CAE no es un fin. La CAE es sólo un medio eficiente con el que se contribuye a lograr el objetivo: SALVAR VIDAS.

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